La Cabeza 5 de San Lorenzo
Su rostro, ajeno a la mentira del mundo circundante, parece mirar la sola verdad. Las líneas de sombra que recortan sus párpados, vienen a reforzar el estrabismo de los iris, el cual hace posible esa mirada de lo verdadero. El entrecejo abulta su poder entre el principio de las cejas.
En la boca, la curva en ascenso que mueve el labio inferior, obliga la posición y la forma del otro. Pero éste, revelando el sentido esencial del rostro, se mira minuciosamente esculpido en dos porciones separadas por un rehundimiento profundo. Se engendra así un doble espacio destinado a contener la doble presencia ofidia.
Obsérvese ahora el casquete. En su lisa parte frontal, a cada lado de ella, una garra de ave rapaz fija las uñas, haciendo adivinar la presencia del ave entera, poderosa a levantar, en su vuelo, la cabeza completa, integrándola a niveles superiores del ser y del conocimiento. La Cabeza Colosal 5 de San Lorenzo se revela como núcleo irradiante de energía, concentrada hasta el extremo.
Ahora bien: recuérdese que, de acuerdo con la ya expuesta concepción mexicana del génesis universal, del caos de las aguas increadas surge por sí solo el verbo creador, constituido por la trinidad del hombre y dos dioses transmutados en serpientes.
Así en esta cabeza están claramente representadas tres de las cuatro naturalezas mencionadas; faltaría en ella, como falta en todas las demás y también en los demás rostros tanto naturalistas como estilizados, la de la cuarta: felina.
Observe la Cabeza Colosal 9 de San Lorenzo